Gritos y Sombrerazos

El Confesionario de Rasputín Por: Francisco Rubén Chávez Osorio

Xalapa, Ver., “No hay fecha que no se llegue, reza el viejo refrán y, cual carrera de caballos, así parece sonar el tropel de los competidores para lograr colarse en algún puesto de “elección popular”, los hay de todos colores y sabores; de verdad un extenso surtido y variedad para escoger, dar y regalar…

Sabemos de sobra que en términos de “democracia” en donde se supone es la voluntad del pueblo quien al final define y decide quién será su representante, que para el caso del estado de Veracruz serán sus 212 alcaldes, así como sus diputados locales y federales respectivamente.

Y sí, ya sabemos también que hay desde los despistados, los brabucones, los señalados de delitos, los que se disfrazan o le hacen al bailarín exótico, hasta los que no dan un paso sin consultar a su curandera de cabecera; de verdad que se antoja más a una especie de concurso de disfraces que de una competencia inteligente en donde la ciudadanía pueda escuchar propuestas, planes o programas a desarrollar por algún candidato o partido, y con base en ello tomar su decisión, que dicho sea de paso esa también resulta ser otra historia, pues por experiencia sabemos que en muchas ocasiones lo que se dice en campaña es una cosa, y otra la que se hace.

Por otro lado parece estar de moda la creación de nuevos partidos políticos, en donde algunos invitaron a candidatos para cumplir un requisito y buscar un determinado número de simpatizantes que voten por ellos para conservar el registro y así continuar ordeñando del erario publico parte de los dineros que salen de nuestros impuestos, y ahí vemos candidatas o candidatos cuyo único merito pueda ser una cara bonita, un cuerpo atractivo, otros ni lo uno ni lo otro, pero que al fin y al cabo alguien los convenció para que se aventaran al ruedo.

Y, ¿ya se dieron cuenta? …pareciera un milagro, justo ahora que esta el furor de las campañas

¡Oh la bendita vacuna! Esa tan esperada, que ahora resulta que hay para todos, o bueno, casi todos…

Venga, todos al jolgorio, besos, abrazos, bailongo, comida y hasta chupe para todos…

Total, todo sea en nombre de la democracia.

Esto de manera ineludible nos debe hacer recordar a Juvenal, el poeta de la antigua Roma que se distinguió por las obras de sátira hacia el imperio (romano) dentro de las cuales acuñaría la frase “panem et circenses”, que se traduce como “pan y circo”, y esto en alusión a la manera de mantener al pueblo entretenido o distraído y con ello manejarlo a su antojo, y en contraparte ese pueblo, esa plebe se acomoda a esa forma de ser, sin buscar o procurar alguna participación en la toma de decisiones de interés público, por el contrario aceptar sin mayor problema las condiciones que el gobernante en turno impone a cambio de ese juego maquiavélico donde el fin justifica los medios.

Y es que de verdad costaría trabajo creer que incluso si a algún candidato o a su equipo de campaña no se les ocurriera, hay una multitud esperando ver el espectáculo, a ver “que trae este o aquel candidato”

¿Qué van a dar, dónde habrá baile o bebida?, pensando para sí, total el mío, es solo un voto…

Pues bien, aquí nos sitúa la realidad hoy en día, campanas al vuelo por la bendita vacuna contra el covid-19, el espectáculo que muestran los partidos y sus candidatos en medio de gritos y sombrerazos. Hasta el próximo confesionario.

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