Cumple 103 años y Elenita Barradas afirma ´soy feliz´

Javier Laertes

“Me levanto temprano todos los días, tomo un café con leche, un pan, le doy de comer a mis gallinas y leo él periódico”, inicia la charla Francisca Elena Barradas Aguilar, conocida como Elenita, una veracruzana que este cuatro de octubre cumple 103 años de vida, los cuales no representa.

Y es que, a pesar de ser una adulta mayor, dice sentirse bien en todo momento y asegura que nunca se enferma, no ha sido hospitalizada en toda su vida, así como tampoco sabe lo que es un dolor de cabeza.

Cumple 103 años y Elenita Barradas afirma ´soy feliz´

Cumple 103 años y Elenita Barradas afirma ´soy feliz´

Posted by Veracruz En Linea on Friday, October 4, 2019

“Oigo que dicen, hay me duele la cabeza, pero yo no sé qué es eso, nunca me ha dolido la cabeza”, señala Elenita, que nunca pierde la sonrisa, así como la lucidez en sus palabras.

Por ello cuando se le cuestiona sobre ¿cuál es el secreto para vivir 103 años y llegar así, con esa vitalidad?, ella responda sin pensarlo, prácticamente de manera inmediata: “hay que ser feliz, yo toda mi vida he sido una mujer muy feliz”.

“Yo ni sé, cómo he llegado, yo sé que tengo tantos años y que aquí estoy, pero yo he vivido desde niña de tres años, me acuerdo quien es Elena y cómo me consintieron, como me trataron y todo, desde los tres años y desde aquel entonces he vivido hasta hoy, feliz y sigo siendo feliz, a ver cuándo se me acaba”, dice con una sonrisa en la cara mientras posa para la fotografía.

Recuerda que, a los tres años en su natal Otates, su mamá la enseñó a las labres del hogar, por lo que “a los siete años, ya era yo como una señora de la casa, pero en la casa de mis papás”.

La segunda de cinco hermanos, tres varones y dos mujeres, de los cuales ella es la única sobreviviente, relata que su padre murió a la edad de 92 años, mientras su mamá a los 83, sin embargo, es madre de dos hijos, Benito y Walter, cinco nietos y varios bisnietos.

Carrancista y devota de Rafael Guízar y Valencia

Elenita recuerda que a los cuatro años le tocó vivir la revolución del país, donde como el resto de su familia eran carrancistas, detalla que solo escuchaban los balazos y que su madre la jalaba junto con su hermana, para resguardarse.

“Antes para llegar a Xalapa de Otales, se hacía uno más de tres horas, pues venía uno a caballo”, detalla y menciona que la capital en ese entonces llegaba Poeta Jesús Días, el Árbol, bajaba Lucio y Altamirano porque iban a la iglesia de los Corazones, donde la capilla más concurrida era El Calvario.

Devota de San Rafael Guízar y Valencia, de quien recuerda conoció cuando tenía cuatro años de edad, pues el entonces sacerdote visitaba constantemente la comunidad de Otates.

“Cuando llegó Rafael Guízar y Valencia a la Diócesis de Xalapa, yo tenía cuatro años y a él le gustaba ir a Otates, llevaron y luego volvió y volvió, nos hicimos amigas de Guízar y Valencia, le jalábamos la mano y bien lindo Guízar y Valencia, nunca se le vio un ratito de cansancio, venían de los pueblitos más lejanos, los recibía, nunca se le vio que dijera es que voy a comer, es que estoy cansado, nunca, si estaba comiendo dejaba el plato, que lindura, no hubo nadie igual”, detalla.

Otra anécdota que compartió, fue cuando a los siete años el padre Guízar y Valencia le dio oportunidad de ser catequista, así como también cuando en una iglesia de Coatepec cuando la persecución católica, sacaron a Rafael Guízar a escondidas para llevarlo a la ciudad de México.

“Ya tenían el plan de cómo lo iban a matar, por eso se lo llevaron por Teocelo a Puebla y luego a México”, recuerda la hoy mujer de 103 años, que relata diversas situaciones del Xalapa de principios y mediados de siglo.

“Chedraui no existía, es nuevo”, dice y explica que antes en el inmueble que hoy ocupa ese supermercado, estaba un almacén, del cual el mismo Antonio Chedraui fundador de esa cadena, fue dependiente.

No salieron parranderos mis hijos

Madre de dos hijos, vivió en Cardel, Cempoala y Coatepc cuando salió de Otates, aprendió la costura y mantuvo a sus vástagos de su trabajo como modista, donde a pesar de que había tres fábricas textiles en Xalapa, siempre se dedicó a su trabajo de manera independiente.

“Yo veo a la gente que se preocupa porque dice no tengo dinero, no tengo trabajo, qué voy hacer; yo siempre dije, tengo dos manos para trabajar, a veces ni tiempo de ir a comer, comía cuando estaba cociendo, a un lado de la máquina tenía mi alimento, pero siempre feliz por lo que hacía”, reiteró.

Su llegada para instalarse en Xalapa se dio en 1965, cuando uno de sus hijos entraba a la secundaria y en Cardel no había, por lo que optó por asentarse en la capital ya para vivir y abrirse camino.

Elenita vive sola en su casa, porque dice que no quiere ser carga para sus hijos, nietas y bisnietos, por lo que ella en ocasiones cocina, pues una vecina que se dedica a la venta de alimentos, le lleva comida.

“A veces le digo, hoy no, porque hoy voy a cocinar”, dice y reitera que su vida ha sido de felicidad, pues nunca tuvo, ni ha tenido hasta el día de hoy ningún problema con ninguno de sus dos hijos, ni sus familias.

“Siempre congeniamos, siempre estamos de acuerdo y de la escuela a la casa, no me dieron guerra, no me salieron trasnochadores, que eso a la madre la mata”, afirma y asegura “yo no tengo preocupaciones de nada”.

“Me van a ver mis hijos, no diario, pero Benito me llama todos los días, en la mañana y en la noche para ver como estoy, Walter me habla no todos los días, pero como decía mi mamá, tengo cinco dedos en la mano y no son iguales, yo tengo dos y no son iguales, pero salieron buenos, de dolores de cabeza no me puedo quejar porque me castiga Dios”, dice cuando hace referencia a sus hijos.

Poco es el tiempo y muchas las historias y anécdotas de Elenita Barradas Aguilar, que da un ejemplo de cómo vivir la vida, sin complicaciones para llegar a la plenitud con cabal salud a pesar de entrar a los 104 años.

“Asunto cerrado, es una historia. Salimos adelante. Yo puedo platicar la historia desde que empecé a hablar de los tres años en adelante, de lo que yo he vivido, lo veo como si ahorita estuviera pasando. Aquí estoy feliz, con dos hijos, con cinco nietos varios bisnietos”, termina con una sonrisa.

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